"Bienvenidos todos, escribir no nos hará ricos ni mucho menos famosos, seres anónimos que disfrutan escribiendo y siendo leídos por otros, en eso se resume esto que a falta de nombre sera lugar de vagos y pensadores."

miércoles, 13 de agosto de 2014

Serie cuentos cortos: "Tanta mona me envenena"

Alex siempre había sido un hombre razonable, pero esta vez Sofía había cruzado el límite.

-¿Cuál es el problema? sabes que  es una cuestión de trabajo. 
Le dijo Sofía sin mirarlo a los ojos. 

Alex tomo aire, detestaba hablar con rabia, por qué carajos no podía  irse a la cama y esperar a que se enfriaran  las cosas.

-Serán solo dos semanas, después seré toda tuya pequeño. Le decía Sofía mientras acariciaba su pelo y echaba un vistazo al celular. 

Como detestaba esa palabra, Alexander como lo llamaba Sofía cuando quería llamar su atención, media 1.80, más que el promedio y aun así Sofía seguía llamándolo pequeño. Es la forma que tienen las mujeres de inconscientemente, hacer sentir inferior a sus parejas. Alexander odiaba la palabra "pequeño" y la odiaba aún más en los labios de Sofía, odiaba a Sofía, odiaba su espectacular culo y la forma como hacia soniditos cuando tiraban, odiaba que después se parara por agua y con su camisa puesta se pavoneara por toda la habitación. Joder la amaba y ahora tenía que contentarse con dos semanas de ella follando con su jefe en algún destino exótico. 

-¡Responde Alex, tengo que irme!

Alex se paró al baño, realmente tenía que ir y estar allí sería mejor que aquella mierda, cuando termino salió y Sofía ya se había ido. Saco una cerveza, se sentó y dio un buen sorbo, pensando si acaso el jefe le daba mejores sacudidas. No tenía ningún sentido beber por ella, pero acaso que tiene sentido hoy en día. Se puso una camiseta y un jean y salió a comprar algo de whiskey barato, sería una noche larga y Alex no pensaba dejarse arrollar por el recuerdo de su culo.

El chico de la tienda ya le conocía, las salidas y viajes de Sofía se habían hecho más frecuentes en los últimos meses y con ello las visitas de Alex a la licorería. 

Alex había conocido a Sofía por su mejor amigo, Sofía una linda mona, de cuerpo no voluptuoso pero atractivo, linda cara, un poco arrogante pero nada serio. Una mujer de esas que llegan y no se van sin dejar su muy personal marca. La misma noche que la conoció, la tenía gimiendo en su cama, no estaba acostumbrado a ello, pero no estaba mal para variar, decidió darle una oportunidad y ahí estaba sentado en el sofá, bebiendo whiskey barato en tanto el cuerpo de Sofía, el cuerpo que consideraba suyo, se movía frenéticamente, sobre algún otro tipo que no era él. 

Después del cuarto trago decidió dar una vuelta, hace ya algún tiempo no paseaba por ciudad inmóvil, su hogar putativo y origen de todas sus gracias y desgracias. Se dirigió al armario, cogió un suéter y vio el cajón con la ropa interior de Sofía, busco entre los pantis y tangas y no encontró esa tanga negra de encaje que para un  cumpleaños le había regalado. La muy zorra se la iba pasar en grande, cogió unos pantis verdes, los olfateo y los escupió, maldita perra como la amaba. 

Andando por la calle, ya algo perdido en el alcohol, entro a un bar nada especial y pidió una cerveza y un whiskey doble.

-Rubia la cerveza, por favor! le gustaba más la roja pero quería acordarse de su pelo. 

No había acabado su trago, cuando esta chica se le acerco.

-Hola, te importa si me siento? Alex ya estaba más allá del bien y el mal, así que no sólo la dejo sentar, sino que le invito una cerveza, rubia por supuesto. 

Marcia como se llamaba la chica, era una linda mona de unos 27 años, era enfermera pero ahora estaba desempleada, no tenía un cuerpo increíble pero nadie le negaría una buena sacudida. Alex y Marcia dos desdichados en un bar en medio de ciudad inmóvil, sonaba como un buen inicio para un libro, nada de romance, pura y dura realidad, ya sabes la mierda de todos los días. 

Bebieron hasta bien entrada la madrugada, alternaban cerveza y whiskey con cigarros, llegando el momento del cierre, Marcia puso su mano sobre la mano de Alex.

-Deberíamos ir a tu casa, hace frío y mi casa está muy lejos. 

Joder si hacía frío, Alex no era de los que conseguían mucha acción pero cuando tenía la oportunidad no la dejaba pasar, tomaron un taxi, ambos en silencio recorriendo las calles iluminadas, mojadas y vacías de ciudad inmóvil. Al llegar Alex le sirvió un trago de whiskey, ambos lo bebieron en silencio, después ella se paró, se puso frente a él y se desnudó. Tenía una bonita piel blanca, unos senos firmes y una graciosa marca marrón sobre su pubis, Marcia le tomo la mano y le hizo recorrerla toda, era algo increíble, estaba allí sentado mientras ella gemía mirando al techo, deseo no haber bebido tanto.

Fueron a su cuarto, él la poso sobre la cama con suavidad, no sabía porque esta chica no le inspiraba ese deseo de sexo animal tan común en las aventuras de una noche, mirándola a los ojos, la penetro y se sintió satisfecho, estuvieron así toda la noche tirando y durmiendo a intervalos. 

Alex se levantó, vio la espalda de Marcia, tenía un tatuaje de una pequeña orquídea, su pelo rubio apenas lo cubría. Se paró, se vistió y se sirvió un vaso de agua, sabía bien que significaba que Marcia hubiera pasado la noche en su casa, Mona por Mona, Sofía podría irse al carajo, él ya tenía su dosis de veneno y eso le bastaba, bebió un sorbo y volvió a la cama. 







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