Alex siempre había sido un hombre razonable, pero esta vez Sofía
había cruzado el límite.
-¿Cuál es el problema? sabes que es
una cuestión de trabajo.
Le dijo Sofía sin mirarlo a los
ojos.
Alex tomo aire, detestaba hablar con
rabia, por qué carajos no podía irse a la cama y esperar a que se
enfriaran las cosas.
-Serán solo dos semanas, después seré toda
tuya pequeño. Le decía Sofía mientras acariciaba su pelo y echaba un vistazo al
celular.
Como detestaba esa palabra, Alexander como
lo llamaba Sofía cuando quería llamar su atención, media 1.80, más que el
promedio y aun así Sofía seguía llamándolo pequeño. Es la forma que tienen las
mujeres de inconscientemente, hacer sentir inferior a sus parejas. Alexander
odiaba la palabra "pequeño" y la odiaba aún más en los labios de
Sofía, odiaba a Sofía, odiaba su espectacular culo y la forma como hacia
soniditos cuando tiraban, odiaba que después se parara por agua y con su camisa
puesta se pavoneara por toda la habitación. Joder la amaba y ahora tenía que
contentarse con dos semanas de ella follando con su jefe en algún destino
exótico.
-¡Responde Alex, tengo que irme!
Alex se paró al baño, realmente tenía que
ir y estar allí sería mejor que aquella mierda, cuando termino salió y Sofía ya
se había ido. Saco una cerveza, se sentó y dio un buen sorbo, pensando si acaso
el jefe le daba mejores sacudidas. No tenía ningún sentido beber por ella, pero
acaso que tiene sentido hoy en día. Se puso una camiseta y un jean y salió a
comprar algo de whiskey barato, sería una noche larga y Alex no pensaba dejarse
arrollar por el recuerdo de su culo.
El chico de la tienda ya le conocía, las
salidas y viajes de Sofía se habían hecho más frecuentes en los últimos meses y
con ello las visitas de Alex a la licorería.
Alex había conocido a Sofía por su mejor
amigo, Sofía una linda mona, de cuerpo no voluptuoso pero atractivo, linda
cara, un poco arrogante pero nada serio. Una mujer de esas que llegan y no se van
sin dejar su muy personal marca. La misma noche que la conoció, la tenía
gimiendo en su cama, no estaba acostumbrado a ello, pero no estaba mal para
variar, decidió darle una oportunidad y ahí estaba sentado en el sofá, bebiendo
whiskey barato en tanto el cuerpo de Sofía, el cuerpo que consideraba suyo, se
movía frenéticamente, sobre algún otro tipo que no era él.
Después del cuarto trago decidió dar una
vuelta, hace ya algún tiempo no paseaba por ciudad inmóvil, su hogar putativo y
origen de todas sus gracias y desgracias. Se dirigió al armario, cogió un
suéter y vio el cajón con la ropa interior de Sofía, busco entre los pantis y
tangas y no encontró esa tanga negra de encaje que para un cumpleaños le
había regalado. La muy zorra se la iba pasar en grande, cogió unos pantis
verdes, los olfateo y los escupió, maldita perra como la amaba.
Andando por la calle, ya algo perdido en
el alcohol, entro a un bar nada especial y pidió una cerveza y un whiskey
doble.
-Rubia la cerveza, por favor! le gustaba
más la roja pero quería acordarse de su pelo.
No había acabado su trago, cuando esta
chica se le acerco.
-Hola, te importa si me siento? Alex ya
estaba más allá del bien y el mal, así que no sólo la dejo sentar, sino que le
invito una cerveza, rubia por supuesto.
Marcia como se llamaba la chica, era una
linda mona de unos 27 años, era enfermera pero ahora estaba desempleada, no tenía
un cuerpo increíble pero nadie le negaría una buena sacudida. Alex y Marcia dos
desdichados en un bar en medio de ciudad inmóvil, sonaba como un buen inicio
para un libro, nada de romance, pura y dura realidad, ya sabes la mierda de
todos los días.
Bebieron hasta bien entrada la madrugada,
alternaban cerveza y whiskey con cigarros, llegando el momento del cierre,
Marcia puso su mano sobre la mano de Alex.
-Deberíamos ir a tu casa, hace frío y mi
casa está muy lejos.
Joder si hacía frío, Alex no era de los
que conseguían mucha acción pero cuando tenía la oportunidad no la dejaba
pasar, tomaron un taxi, ambos en silencio recorriendo las calles iluminadas,
mojadas y vacías de ciudad inmóvil. Al llegar Alex le sirvió un trago de
whiskey, ambos lo bebieron en silencio, después ella se paró, se puso frente a él
y se desnudó. Tenía una bonita piel blanca, unos senos firmes y una graciosa
marca marrón sobre su pubis, Marcia le tomo la mano y le hizo recorrerla toda,
era algo increíble, estaba allí sentado mientras ella gemía mirando al techo,
deseo no haber bebido tanto.
Fueron a su cuarto, él la poso sobre la
cama con suavidad, no sabía porque esta chica no le inspiraba ese deseo de sexo
animal tan común en las aventuras de una noche, mirándola a los ojos, la
penetro y se sintió satisfecho, estuvieron así toda la noche tirando y
durmiendo a intervalos.
Alex se levantó, vio la espalda de Marcia,
tenía un tatuaje de una pequeña orquídea, su pelo rubio apenas lo cubría. Se paró,
se vistió y se sirvió un vaso de agua, sabía bien que significaba que Marcia
hubiera pasado la noche en su casa, Mona por Mona, Sofía podría irse al carajo,
él ya tenía su dosis de veneno y eso le bastaba, bebió un sorbo y volvió a la
cama.
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