Cogí mi bolso de la cama, me arregle un poco la camisa y mire por la ventana, parecía un buen día, pero en esta condenada ciudad nunca se
sabe, un par de rebanadas de pan y un café cargado y estaba en la calle, hacia
un frío del carajo, imposible confiar en el clima.
Había terminado hace poco con un chica de
ciencias políticas, bonito rostro e increíbles senos, le iba el rollo de la
honestidad pura y dura, cosa que no me molestaba pero si me hacía sentir un
poco inferior, creo que tenía pareja, me gustaba, tomaba la vida de una manera
despreocupada y atrevida, lástima que el novio le hiciera pasar mejores ratos,
hubiera sido una buena historia.
Detestaba la ciudad en la mañana, la
prefería en la noche cuando está casi vacía y esconde y expone al mismo tiempo
sus defectos, como gritando ¡Mírenme y glorifíquenme soy ciudad inmóvil y algún
día los enterrare a todos! vaya si me estaba hundiendo yo también. Por fin
llego el Transmilenio, la misma mierda de siempre, no había mucho que hacer al
respecto, solía buscar mantener la mirada con alguna linda mujer,
ocasionalmente recibía una sonrisa, sin embargo hoy no hubo suerte.
Baje de la estación, camine a una tienda
cercana, me sentía como para un cigarro y quizás agarrar algo de comer, no
había comido bien los últimos días, la falta de dinero unido a una pila gigante
de platos en el fregadero, me estaban matando de hambre. En cuanto terminaba mi
bocadillo, esta extranjera se quedó en la puerta del local, saco un mapa y con
cara de desconcierto, escudriñaba en el pedazo de papel; pero pobre chica,
pensé. Ciudad Inmóvil detesta las fotos, ningún mapa podrá entender jamás este
adorable purgatorio. Sentí ternura, era linda no un diez pero estaba bien,
usaba legins, típico error de creer que ciudad inmóvil es un paraíso tropical,
bueno al menos los locales lo pasábamos en grande.
Me pare de mi asiento y en un correcto
inglés, le pregunte si la podía ayudar. Ahí estaba yo expiando una semana de
mierda haciendo el buen samaritano, en un inglés algo afrancesado agradeció mi
oferta y pregunto-¿Donde esta Monserrate? Bueno, es una jodida montaña, es todo
lo que vemos quienes nos acostumbramos a sentirla vigilante sobre nuestras
cabezas, otra vez en un correcto inglés, le indique el camino y ya que de todos
modos llegaba tarde a clase, me ofrecí a llevarla, no la veía acompañada, así
que las apuestas no eran desfavorables.
Acepto mi propuesta, en el camino hablaba
un poco de todo, porque había venido a Colombia, detalles básicos de su vida, tenía
un bonito trasero. Llegamos a la entrada y la verdad no me sentía dispuesto a
pagar 18 mil pesos por la expectativa de un polvo, digo hace algunas semanas
que no agarraba nada pero siempre estaba la ducha. Agradeció mi gesto, no hay de
que linda, disfruta ciudad inmóvil y buena suerte.
Mientras bajaba por las aguas, pare a
comprar otro cigarro, un perro se me acerco como queriendo suplicar comida, lo
siento amigo, hoy jugamos del mismo bando. Ya no tenía ninguna clase así que
pensé ¿por qué no escribirte y quizás saber cómo estás? aquí no se come bien
pero al menos hay cigarros.
Me gusta como escribes, Todos tus escritos reflejan una una soledad bien escondida
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