Todo el mundo sueña con
ese día en que las cosas increíbles que le pasan al amigo
del primo de un vecino, efectivamente le pasen a ellos, hace poco jamás hubiera
imaginado todas las cosas que sucederían en mi vida y
la razón por la cual ya no dudo que todo puede pasar, si se está vivo
entonces hay un chance de que pase.
Viviendo
a diario, se empieza a dejar de creer en cosas excepcionales, salir de lo
cotidiano llega a ser tan inusual que da hasta miedo, pero mi historia no
empieza hay, ni aquí, mi historia empezó en dos puntos tan
distantes del globo, hace 17 años en un pequeño e insignificante pueblo
colombiano, esos pueblos en que todos conocen a todos y los días son
iguales uno tras otro, pequeñas burbujas apartadas del mundo en que todos son
felices por ignorantes y que me hace pensar “maldita sea todo sería más fácil si
no pensara”, mientras yo crecía en un país lleno
de imposibles, y en el que cosas absurdas son el pan de cada día, ella
llevaba dos años viviendo en el país donde se desayuna con vodka y
el frio hace parecer a Bogotá un cálido paraíso tropical.
Siempre viví convencido
de que nada interesante pasaba en mi vida, odiaba esa gente con cosas
extraordinarias para contar, con miles de recuerdos de los que pudieran
jactarse hablando con amigos pues ellos habían vivido, venir a
Inglaterra fue la puerta, la ventana, el hueco fue todo, hace un año vivir
se resumía en el prólogo de vida de todo el mundo, estudiar,
trabajar, comprar una casa, un carro, tener una familia ser feliz para
siempre, parecía sencillo pero ella entonces jugaba con la nieve, el
color de su piel se confundía con el entorno y sus ojos de un color
tan exótico miraban un paisaje totalmente diferente a las montañas
que yo entonces admiraba desde la ventana del carro, ni ella ni
yo sabíamos que había más gente en el mundo, y
que algún día ese mundo se haría lo suficientemente
pequeños para conocernos.
Pasa el
tiempo, y nada de esto lo veía venir, si me hubieran preguntado
hace poco hacia donde iba mi vida, sonaría algo así como
una grabación de seguridad de tanto repetirlo me lo termine por
creer, qué hacia ella cuando yo jugaba a la policía y los ladrones,
no estoy seguro pero si de algo estoy seguro es que no tenía ni idea de que
tanto yo irrumpiría en su vida como ella en la mía.
Emocionado
estaba cuando mis amigos colombianos,
turcos, árabes me decían que habían llegado dos
rusas a este pueblo ubicado en la costa sur de Inglaterra un pueblo
que vendría ser el homónimo británico de mi pueblo natal,
todo tan diferente pero que después de un tiempo se ve con los mismos
ojos de lo cotidiano. tantas historias, mitos acerca de ese país frío y con una historia más roja que la sangre, me moría entonces por
conocer a las mujeres del país de Stalin, pasaron días y aún
no había rastro, el deseo casi que murió de olvido, y
entonces un día las vi y lo supe tenían que ser ellas, era
todo lo que había imaginado, un retrato físico de lo
que había en mi cabeza, ya entonces me moría por tocar esos
labios fríos que pronunciaban un lenguaje del cual siempre hago
gracia.
La
ignorancia fue la excusa para acercarme a aquella mujer que mi amigos jamás creerán que
bese, aprender unas cuantas palabras en ruso y mi plan estaba
listo haría que ella fuera mi historia extraordinaria, me acerque
sudando, temblando casi convencido de que en el mejor de los
casos volvería con mi dignidad intacta, fue entonces donde
todo empezó, de donde esto salió, ella me pregunto "de dónde
eres?" y yo respondí seguro de " Colombia" ella
me respondió donde esta "Columbia" aclaro el malentendido
y respondo " Colombia está a 6368 kilómetros de Rusia"
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