"Y fue justamente esa vergüenza de la que hablo,
esa conciencia de saberse imperfecta y contrahecha, lo que más me atrajo
de ella"
Mario Mendoza
El miedo se niega
abandonar las atormentadas cavernas de nuestra mente, el ser prevenido por la experiencia
propia y ajena rechaza contundente cualquier acercamiento al término, la
conciencia; en un vano esfuerzo de no repetir los juicios ya hechos, intenta
desanimar al sujeto y hacerlo desistir con horribles panoramas, de lo que por
descontando le depara su futuro, ajeno, totalmente inyecto en
su propósito se entrega a los devenires del sentimiento
y absorto se encuentra preso de un idilio frenético que llena
hasta el último poro de su desconfiada piel.
El problema no es el hecho, ni
siquiera el sujeto
el problema es ella y al ser un problema
deja de ser un problema y se convierte en
un misterio
No hay disposición a resolverla,
la belleza no se resuelve, el amor no tiene solución y el placer no
es una formula. El misterio por otra parte genera el deseo expansivo de
descubrir, de buscar en cada rincón de su magnífico ser
el próximo secreto que se cubre en una delicada piel blanca, fascinación exponencial
genera tan magno misterio, deseo que a tientas se reprime para conservar los
cabales que exige la cordura.
Ella llego, es un hecho innegable, no
oculto el miedo que me genera escribir, el hallarme entusiasmado ante un futuro
planeado que se dibuja francamente y a miedo de mancharle como
perfecto. Pánico y sus emociones afines inundan mi cabeza en lo que a cada
paso me doy cuenta de que mi vida irremediablemente es más
vida compartiéndola a su lado, la felicidad afortunadamente solo es real
cuando es compartida.
No podría imaginarme a alguien como
ella, no por lo limitado de mi imaginación o el espacio corto de
mis sueños, sino porque ella absurda e invasiva tomo el lugar de la mujer de
mis sueños y desafiándome aún más me demostró que mis
aspiraciones se habían quedado cortas, quizás una imagen
suya aplacaría mis intentos de describirla, pero aun la
imagen fallaría y se sentiría frustrada al no
poder retratar la totalidad de su modelo, yo en
mi pretensión de escribir también me frustro pues no hay
caso, en cómo me figure el texto, fallo y peco pues no puedo consignar en
letras como esa sonrisa inocente y atrevida me sacude el cuerpo.
Apelo entonces a sus historias para
asimilar la mía, quizás los personajes, locaciones y actuaciones
cambien pero el tramado central se mantiene intacto, aquí un
hombre sintiéndose más figura que hombre, le dice a una mujer más increíble que
otra cosa; que su sonrisa alegra sus días, que sus besos callan al mundo y
que sus abrazos son el principio de todo. Sus formas perfectas son como golpes
certeros que dejan sin aliento y funcionan como leños al deseo; el placer de su
cuerpo, éxtasis puro, llega imponente hasta las ganas de acariciarla,
mirarla a los ojos y con palabras encontradas asegurarle una felicidad de la
que no se es dueño, vigilante de que jamás en la vida, ella vuelva a sentir lo
salado de las lágrimas en sus mejillas.
Lo bueno es saberla conmigo pero
no mía, ese futuro que nos hemos planteado será idilio en lo que se vuelve
presente, te quiero, no está demás decirlo, hasta cuando las letras
por ti fluyan serás sin duda la mujer con la que sigo soñando.
Es gracioso como hay personas que confunden a la mujer de sus sueños con la mujer que les quita el sueño. Esperar a una mujer "atormentada" termina atormentando más al enamorado que a la amada, hasta que pierdes la cordura y caes en el vicio que prefieres, el cuerpo no deja de desear, pero la mente poco a poco se cansa, se deshace y te das cuenta que te entregaste a un espejismo.
ResponderEliminarun año y unos cuantos golpes después, me entero que donde habría de encontrarla no había nada y que allá a lo lejos se apreciaba una visión, un espejismo quizás?
EliminarCómico... No esperabas el dolor? No, claro que no, y va a seguir hasta que te des cuenta que el espejismo nunca fue la mujer (las mujeres son reales), el espejismo es creer que puedes con la mujer que te quita el sueño. Tienes razón, déjala ir... Alguien más entenderá que la visión sólo era el siguiente paso
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