Es un cliché escribir algo sobre mi padre
en un día como hoy, creo no hacerlo por deber sino por la legitima
nostalgia que me da el tenerlo cerca y en silencio, gentilmente sobando mi
cabeza como yo hago con el cuando quiere quedarse dormido.
La relación con él nunca ha sido fácil,
crecí bajo un estricto régimen de correa y reprendimientos groseros y
humillantes, recuerdo que solía pedirme que hiciera cosas y al ver mi torpeza,
se refería a mí como “tonto, inepto” y en ocasiones como “marica”. Esos días
pasaba noches imaginando su muerte, me avergonzaba de pensar algo
así y entonces lloraba más fuerte, pero mi mente siempre con sus vídeos no
podía parar de imaginar como seria el mundo sin él.
A decir verdad, en su favor no acuden
memorias de él sacándome a jugar fútbol o paseando conmigo de la mano o
cargándome en sus hombros, siempre fue un hombre severo, pero mi mamá decía que
cumplía en todo como progenitor, queriéndome decir que como nada me faltaba,
Techo y comida, él era un buen padre y yo no debía ni podía tener queja alguna.
Paso el tiempo y me fui haciendo grande
tanto fisica como mentalmente, llegue a crecer más que él y un día que quedo
marcado a fuego en mi memoria, recuerdo haber llegado del colegio algo triste
porque mis notas habían estado lejos de lo que solían ser, yo un estudiante
cuya única virtud era sacar buenas notas, perdía lo que me hacia especial.
Mi papá me esperaba en la sala y creí quizás ingenuamente que desahogarme
con el me ayudaría, le conté todo en franca lid esperando de su parte unas
palabras de animo. llego para sorpresa mía un reclamo y no pude evitar que
brotaran unas lagrimas, eso lo enfureció más y se dirigió en ira hacia mi,
gritándome “marica, no llore que yo no crié un huevon y mucho menos un marica”.
Dirigió su palma contra mi cara, y lo pare; nunca en mi corta vida me había
enfrentado a mi papá, eso era un reflejo de supervivencia y ahí todo cambio, el
se dio cuenta que yo era más grande y fuerte y yo me di cuenta que el era ya
débil y viejo, podía aprovecharme pero solo me aleje.
Unos años han pasado de aquello, deje la
casa y desde entonces nunca he vuelto, primero Inglaterra y ahora Bogotá,
regreso por las vacaciones pero nunca con la intención de quedarme. Cuando
pienso en mi papá, trato de imaginar si Kafka sentía algo similar por el suyo
“Carta al padre” es un texto desgarrador lleno de sentimientos con los que me
siento identificado. Quizás su padre era aun peor, sin querer sonar pretencioso
creo compartir algo con Kafka, un vinculo por tener sentimientos confusos
respecto a la figura paterna y el deseo (frustrante) de ser escritor.
He considerado que la figura de mi papá
sin quererlo ha determinado mi vida, mi mamá hace mucho que ocupa un papel
secundario, me encuentro a veces en situaciones que hacen nacer en mí un
miedo irracional que me paraliza y me lleva a la depresión más misogina. Tengo
miedo de convertirme en mi papá y aun así no puedo hacer nada para evitarlo,
estoy condenando a ser él, a llevar su cara en mi cara para rendir tributo a su
memoria.
En otros momentos, cuando estoy sólo
generalmente, siento que lo extraño y me da rabia pero no puedo evitar pensar
que no todo ha sido malo, y lo recuerdo llorando a mi lado y abrazándome cuando
mi mamá se fue, comprando pistachos porque sabe que me gustan y
sosteniendo mi hombro con orgullo cuando recogí mi diploma. Un padre espera ver
en sus hijos todo aquello que no fue, espera que el vaya a todos los lugares
que nunca pudo ir y que sea todo aquello que él anhelo pero que tuvo que
posponer por dar a su hijo algo de esa vida que él soñó. He sido duro con él,
mi abuelo murió cuando mi papá tenia tres años y desde que tengo memoria lo
escucho repetirme que su papá era el mejor hombre que había en el mundo y que
lo amaría toda la vida.
¿Como ama mi papá a un hombre que no
conoció? Tal vez el a través de su vida tomo sus decisiones en base a lo que a
mi abuelo le hubiera gustado, así como yo busque tantas veces agradar a mi
papá. Ahora somos muy diferentes, él cada vez es más viejo y sus proyectos son
menos ambiciosos y busca la apacibilidad y la tranquilidad que le ha sido tan
esquiva, yo soy cada vez más ambicioso y me imagino mil aventuras y proyectos
por vivir, todos muy lejos de aquí.
Ayer caminamos por mi ciudad, era de noche
y hacia frió algo raro pero bien recibido, caminábamos en silencio, nunca
hablamos mucho ni compartimos mucho de nuestras vidas, pero eso me gustaba,
estar ahí en silencio, hacernos compañía en el silencio, cuando llegamos a casa
se acostó y me pidió que no lo dejara solo, me acosté a su lado y vi en su mesa
un mensaje que yo le escribiera hace algún tiempo, el texto decía “papá te amo,
no hay nunca que desfallecer más cuando se esta tan cerca de la cima” lo vi
ahí, durmiendo a mi lado, ahora tan frágil y pensé con miedo que cuando ya no
estuviera, me sentiría más solo que nunca, solo él comprende mi silencio.
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