¿Por qué Escribes? para escapar, liberarme y por un segundo
pensar, que en cada letra que plasmo mi vida encontrara un sentido.
Ella no tiene la culpa, ella no es como
todas y no se parece a ninguna, sin embargo comparte algo con las anteriores,
ella llego y yo soy uno, cuando ella parta seré otro; ¿por qué?
porque quizás ella lo sabe, ella juega un juego
extrañamente sádico, efímero y peligroso. Ella sufrió y se
hizo fuerte, ella amo cuando dijo que no lo haría, mostró su
mano al amor y se jugaron sucio. Ahora quiere que tome su veneno, me lo hace
tan atractivo, me dibuja una muerte cálida y tibia junto a su pecho,
a ella la han marcado y en este círculo vicioso, ella desea dejar huella en mi
cuerpo, porque aun sin buscarla la encuentro cuando cierro los ojos. Sus
dientes clavándose en mi piel no duelen, no es que seas de otro lo
que duele, aun siquiera imaginarte contra un espejo gimiendo de placer en lo
que él te embiste; nada de eso duele, es saber qué piensas como yo, y que si
es así todo terminara irremediablemente mal.
¿Por qué un piano de cola? porque es
elegante decía ella, porque no hay nada más sexy que uno, agrego; más
bien poco me importaba el susodicho piano, yo quería sin embargo
tirarla contra él, mientras la escuchaba tratando de sostener los
gemidos de placer y deseo, poner mi mano muy cerca de su sexo y ver
como mordía sus labios, me deseaba, ambos lo sabíamos. Tornar su
cuerpo con mis manos, poner toda mi presión en sus caderas y acercar
nuestros cuerpos hasta que sus senos reventaran contra mi pecho, tenía
el vestido gris que le había pedido que usara, la hacía ver
sofisticada, elegante y en toda la expresión de su europeísmo me hacía
sentir insignificante. No importaba me gustaba y le tenía miedo, de no tenerlo,
no me habría encantado como lo hace, estaba dándome la
espalda, grave error pensé yo, como le das la espalda a quien te
imagina desnuda suplicando por más.
Aun así hice lo
que haría todo hombre, fantasee con ella en mi cabeza, la hice mi
deseo, mi placer, la puse en todos los lugares y la penetraba con especial
fuerza, odio, amor y pasión. Todo sentimiento que
me recorrería el cuerpo lo utilizaba para embestirla pensé que
a cada golpe de mi sexo contra el suyo le borraría las penas y
la liberaría del crudo, sin sabor del dolor.
Me acerque cuidadoso de no interrumpir su
pensamiento, seguro que fuera lo que fuese era algo inteligente, malicioso y
descarado, así es ella una mujer como todos quieren y nadie cree
poder alcanzar. La agarre entre mis brazos como queriendo que su cuerpo
entendiera que mis brazos jamás quisieran soltarla, aun no sé si cuerpo me
entiende o solo pretende entenderme en lo que presuroso bajaba su vestido y
revelaba un cuerpo, un ente, un todo, mi perdición...... una blanca y muy
suave perdición.
Increíble, que tanta emoción se
aprisione en mí, la quería tirar al
suelo quería hacerla mía contra el piano, la alfombra,
abrir sus piernas e intentar llegar a lo profundo de su
ser, quería tener sexo con ella, que me sintiera caliente, que me
rogara por mas, que me rasguñara, que tirara de mi contra su cuerpo, que
me tirara y yo tirármela, pero quería más que nada dejarla
marcada, quería quererla.
Sabes cómo me gusta ver desde abajo como
te mueves, cuando me como tu sexo? crees equivocadamente que por
estar arriba dominas, pero yo desde abajo veo imponente tu abdomen y
esos increíbles senos tuyos que opino deberían ser de la humanidad.
a un movimiento de mi lengua sueltas un gemido, otro movimiento y agarro tus
piernas y empezaron los gritos, gritos que me hacen desear cogerte toda, hundir
mi lengua en tu sexo y agarrarme de tu cola, pierdes el control gritas !basta! porque
tu mente no encuentra otra forma de pedir más, gritas cosas sin sentido,
sientes todo el placer y no sabes qué hacer con él, quieres que este encima
tuyo, quieres que te levante y rompa el vidrio, quieres que me quede adentro
tuyo, quieres venirte conmigo.
¿Qué imagino? un gran cuarto blanco, una
cama blanca y un balcón con vista a un mar azul, una pequeña mesa con
dos sillas, y un pila de libros sobre ella. imagino que duermes
tranquila después de que hicimos, lo hicimos y deshicimos, haces soniditos mientras duermes,
te acaricio tu rebelde pelo crespo, rebeldía atributo propio de tu
arrollante humanidad, beso tu frente y contemplo tus ojos cerrados y me imagino
que sueñas, imagino que ya no importa nada porque estás ahí, que te abrazo
y me pides más tiempo para dormir, te digo que no tenemos que ir
a ningún lado que podemos quedarnos, que podemos hablar, que podemos
hablar de cosas sin sentido, me muerdes y me besas la oreja, te agarro de la
cintura, después de hacer pereza un buen rato, te apresuro a que te bañes, esta
tarde y debemos coger un avión a roma, una suite en el último piso de
un hotel frente al coliseo está reservada y en ella una gigante ventana espera
conocer tu cuerpo.
¿Qué pasa, por qué escribes? Por qué no
soy bueno hablando por que no seré mejor que él, ni quiero ni puedo
hacer lo que él y aun peor no tengo dinero para un boleto
de avión...
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