Estaba caminando yo por la acera, perdido en los pensamientos y
actos rutinarios de una vida planeada, no tenía muchas cosas por hacer como es
habitual en mí y pocos amigos a los que llamar, decidí fiel a mi recientemente
adquirida costumbre de terminar las noches con unos sorbos de cerveza, de pasar
por el mercado y asegurarme unas cuantas botellas y algo de comer.
Llegue a mi apartamento, entre sin saludar pues sabía de antemano
que nadie me respondería, la certeza de saberse solo, destape una botella y
dándole un largo sorbo me encontré parado en medio de la oscuridad, estaba solo
literalmente, no como esa soledad romántica, filosófica e incluso hasta
física; me encontraba solo en el sentido de que nadie en el mundo preguntaba
por mí y de igual manera para mí el resto del mundo era uno de los capítulos
finales en un libro que nunca termine.
Hace mucho no escribía y la razón principal era la calma de una
vida plana, mortal situación para el escritor que necesita como néctar para su
obra, de situaciones que generen en él emociones que se traduzcan en lindos y
emotivos párrafos que harán de su ego un monstruo mucho mayor. Yo por mi parte
necesitaba sentirme miserable, saborear una vez más la dulce tragedia, hallarme
sumido en la tristeza y la confusión para rescatar de ahí algo de mi vena
creativa, soy un escritor deprimente o deprimido como muchos otros que
estuvieron antes de mí, hallo en las letras una forma de destilar la soledad y
ver plasmado en un texto el propio caos en que se ha convertido mi mundo.
No luzco diferente a los millones de "flanes" que
habitamos mi fría y gélida ciudad, soy el prospecto futuro de algo sin llegarme
a enterar yo muy bien que es ese "algo” Mi desidia y ruina están al acabar
el día, destapar una botella, mirar al techo y calcular en mi exilio la
irremediable gravedad de lo perdido. Hace mucho no escribo porque soy así, un
experto en dejar las cosas a medias, un día tuve un mejor amigo y después no
supe de él y aun me pregunto que serán de esos canarios que de niño tenía. Como
mi amada Bogotá soy una entidad que nunca esta y posiblemente nunca
llegue a estar completa, soy una obra a medio terminar y seguramente el asunto
sin resolver de alguien. Hoy en un año a tientas y con dos botellas sobre mi
escritorio, me alegro de mi tristeza, pues ella me conduce a estos pasajes en
donde por un fugaz instante no me siento tan solo, pero luego apago la pantalla
y hay esta una vez más mi exilio.
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