La obra maestra de Homero, cuenta la historia de un hombre
valiente que parte a pelear una guerra ajena dejando la tranquilidad y
apacibilidad de su hogar, cambiando los tiernos abrazos de su amada esposa por
las espadas. Después de muchos años, sufrimientos y victorias, esté regresaría
para darse cuenta que su esposa nunca dejo de vivir por él, besa la tierra
después sus manos y da gracias a los dioses por poder volver a su hogar.
Aquel valiente héroe, el gran Ulises sin
embargo no conoció la desgracia de nuestra era, la desidia y el pesimismo
circundante que hunde a nuestra maltrecha de mente sociedad. Si aquel Héroe que
tuvo que sortear todo tipo de peligros, hubiera tenido que buscar el rumbo a su
hogar en estos tiempos que nos acosan, las cosas habrían sido sin lugar a duda,
diferentes. Ese honor que lo llamo a combatir por lo que creía justo aun cuando
su vida era un nido de tranquilidad, hubiera sido eliminado de tajo por la poca
fe que tenemos en la justicia, por la decepción y el conformismo, y ya
totalmente ensimismado Ulises hubiera sido tachado de egoísta pues quien es el
para perseguir lo bueno y lo justo, cuando estamos viviendo todos en la
comodidad del caos y la inmundicia, somos todos puercos de un mismo chiquero.
Sin embargo el como hombre en el sentido arcaico y místico del concepto, había
dado en promesa su palabra y estaba obligado a cumplirla, hubiera entonces
abandonado sus tierras y habría partido a luchar una guerra sin sentido,
peleando valerosamente por los intereses de personajes en las sombras,
pues en el mundo actual el verdadero mal es invisible a los ojos, la maldad se
esconde detrás de cada esquina y en aquellas esquinas podemos encontrarnos de
pronto la salvación o una puñalada.
Después de mucho sufrimiento y de percibir
hasta donde llega la perversidad del ingenio humano, victorioso sin saber
muy bien que victoria puede resultar de tanta destrucción, solo quiere retornar
a casa, cerrar puertas y ventanas y llorar, pues no comprende el mundo en que
le ha tocado vivir. Reuniendo las últimas fuerzas que habitan su cuerpo, se
dispone a recoger sus pasos y besar su tierra. Pero el mundo ya no está ahí, a
su vuelta todo cambio, "su" mundo ya no está ahí, todo ha cambiado,
no sabe si para bien o para mal, pero todo aquello que conocía y quería ya solo
existe en sus recuerdos , su bien amada Ítaca era ya un lejano espejismo, y su
lugar había sido tomado por una realidad sobrecogedora y humillante, la
tranquilidad de su morada, había cedido ante la presión del afán de las gentes,
grandes y concurridas avenidas remplazaron sus senderos, las colinas y sus árboles,
dibujaban ahora un panorama gris de chozas y cables, sus ríos ya no eran más
cristalinos y al buscar su hogar, sintió en su exilio la verdadera gravedad de
lo perdido, pues su hogar era ahora un feo y gris lote baldío, lleno hasta el hastió con
toda clase de porquería humana.
Tomo sus cosas que no eran muchas, el
mundo le había dado una fría bienvenida y él le había dado la espalda, vagando
por el camino tomo nota de que Ítaca era ya solo suya en cuanto solo él podía
recordar la felicidad de lo vivido, algo cansado, aligero su paso y entro en
una posada en el camino, entro y se sentó en la última y olvidada esquina del
lugar, desde allí con toda la desesperanza del mundo, alzo su mirada y la vio,
su piel blanca y sus cabellos dorados, Ulises había perdido Ítaca pero la había
encontrado a ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario