"Bienvenidos todos, escribir no nos hará ricos ni mucho menos famosos, seres anónimos que disfrutan escribiendo y siendo leídos por otros, en eso se resume esto que a falta de nombre sera lugar de vagos y pensadores."

martes, 29 de abril de 2014

Tu también

Generalmente tenemos problemas manejando el tiempo, es una cuestión de cantidad, nunca hay suficiente y en ocasiones hay demasiado. Por ejemplo, solía quejarme del poco tiempo que me quedaba libre al final del día para dedicar a mi adicción; si quería leer mis noticias debía apagar la luz más tarde, pero eso significaría levantarme aun más tarde y por la misma senda ir perdiendo tiempo de un día que ni siquiera comenzaba. Tomaba el bus a clase, estas se hacían más largas o más cortas según el ánimo y que tanto esfuerzo me costara prestar atención, comía algo, después algo de ejercicio y salía a alemán. Basto con perder una de esas actividades para que la escasez se convirtiera en exceso, y entonces ya no me sentí cómodo con el reloj.

Me hace falta esa sensación de estar ocupado, el hacer algo mata el tiempo y es bien sabido que sin tiempo no hay espacio, si me he procurado  generar el vacío, por ahí mismo desalojan problemas y preocupaciones. Siempre quedara el pequeño intervalo antes de caer dormido pero ese momento es más fácil de solucionar cuando me alejo en mi pequeño velero azul, tema de otra historia. Ahora que tengo tiempo a manos llenas, pienso más, me preocupo más y vivir se hace algo más complicado, leer a Bukowski no ayuda pero quita tiempo y ese es el punto. Se abrió un espacio, un hangar lleno de vitrinas, donde cuidadosamente había puesto todas aquellas preocupaciones leves y graves que me son pertinentes, cuando volví y recorrí aquellas vitrinas. Juro a dios que creí haber dejado menos cosas y ahora no había un solo estante con un espacio vació, carajo, esa bodega es el único lugar donde mi distracción constante y sonante no pierde cosas, sino por el contrario las encuentra ¿pueden creer la suerte?

Ya que no puedo estudiar alemán porque estoy demasiado ocupado estudiando, pero tampoco puedo estudiar porque estoy demasiado ocupado preocupándome; decidí descargar unas cuantas películas y sacar unos libros a los que hace algún tiempo les tenía ganas. La pila de libros y películas fue bajando progresivamente y así  las encrucijadas de mi cabeza, pero esto son solo paliativos, remedios temporales y que en nada contribuyen al fondo del asunto. Esculcando en mis muy personales placebos y bajo el calor de mis cobijas, descubrí una de esas típicas comedias francesas por las que siento un especial gusto, jamás en mi vida gustaría del francés, más cuando se escucha en voces de dichas películas me pierdo un poco y siento esa felicidad que dan los gustos que se creen muy personales como el cine hindú, caminar para ver edificios, el jugo de guayaba en leche o los frijoles con limón.


Esa película no sobresalía en su calidad, cumplía a cabal con su función, entretener,  yo no le podía pedir más y así mismo ella no me podía dar más. Sin embargo algo paso, toda la película toma lugar  en un avión y cuando este aterriza por fin en París, los pasajeros en su mayoría franceses aplauden. ¡Mierda! los franceses también aplauden cuando aterriza el avión. ¿Cuál fue mi primer pensamiento? Querer decirle a alguien, que contrario a lo que habíamos pensado toda la vida no somos los únicos y los franceses incluso aplauden más fuerte cuando aterriza el avión, me pare, me mire al espejo, que cambiado que estoy y tu mi querida también.

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