Mañana como a esta hora, saldré a la calle
porque no tengo el lujo de tener un amplio balcón o una terraza con un par de
sillas para sentarme y admirar el cielo, admirare el cielo para poder ver el
primer eclipse desde que vivo en Bogotá, creo que la ocasión a merita un
cigarrillo, quizás compre uno y lo encienda rodeándolo con mis manos para
protegerlo del viento. Espero que la calle este vacía, odiara compartir ese
momento con desconocidos. Aun no estoy seguro si mañana sea uno de mis
supersticiosos días de suerte; un habito recién adquirido de pronosticar un día
en la semana siguiente en el que las cosas me salgan inexplicablemente bien,
debería serlo, yo había pensado hoy pero me convencí a mí mismo de que sería el
jueves, ojala que valga la pena la obstinación.
La verdad no sé qué me atrae más del
eclipse, si el espectáculo en sí mismo o el hecho de que se tomara un buen
tiempo en pasar de nuevo, lo que lo dota de cierto aire de evento
extraordinario, eventos tan necesarios en un mundo tan ordinario. Estoy a pocos
días de tomar un descanso, de volver a mi ciudad que hace ya un tiempo no
visito, pasar un tiempo en familia y reencontrarme con esa otra vida, que en
ocasiones abandono premeditadamente, creo que la necesito, casi que la pido a
gritos. Ha sido un semestre bastante ajetreado pero aun así siento el tiempo
plano y gris, sin sobresaltos, la marea calmada de un lago tranquilo. Quisiera
escribir un cuento, un relato o una historia hace mucho que no pongo a prueba
mis capacidades creativas, me hago vídeos mentales todos los días, y generalmente
me abandono en esos vídeos, pero soy incapaz de plasmar en letras esas escenas
que proyecto cuando me pierdo en lo lejano del tablero o la ventana.
Esta es una de esas pequeñas notas que se
escriben en un diario, algo soñadoras, algo pesimistas. Pues bien ya he
comprado unos cuantos libros que tengo en la maleta, no he empacado mucha ropa
pues no pienso quedarme mucho, aun así siento que llevo pocos libros y mucha
ropa, lástima que no encuentre en una pantalla el mismo placer que me produce
tocar y pasar la hoja. Durante unos días solo seremos mis libros, mi cama, mi
agenda, mi bolígrafo y yo.
Tengo encima del mesón de la sala, el
libro con tu nombre, aun no estoy seguro de poder entregarlo antes de irme, aun
así lo tengo en el mesón, por si algún día me decido, encontrarlo en mi camino
de salida. Que días largos y vacíos me esperan, pero no en mi partida sino en
mi regreso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario