El domingo con su usual aroma a nostalgia me hace escribir ciertas
cosas que preferiría guardarme para mí, pero si me las guardara me asfixiara
con todas las palabras que se han estacionado permanentemente en mi cabeza y
que no me dejan seguir.
Tú estás bien lejos, allá en tu propio
mundo, yo te observo lejano y algo esperanzado de que algún día llegues y ya no
te quieras ir. Infantil deseo, un capricho que no entiendo como pero se me hace
cada vez más difícil ocultar. Estoy algo apenado pues mis miradas, que no son
pocas, te han de incomodar. Lo siento soy incapaz de saberte cerca y no
inquietarme. Créeme que no son pocas las veces que me doy golpes de pecho
pensando en que mis actuaciones quizás no han sido las mejores, entre golpes de
pecho y miradas furtivas casi que te has convertido en una fatal coincidencia
para mi tranquilidad.
Ser sincero nunca me ha traído buenos réditos,
pero bien se decía un error implica un desconocimiento, el mismo error
necesariamente involucra una mujer. Yo que vivo en la permanente distracción,
opino que Seuss, en algún momento sintiéndose como yo respecto a una mujer como
tú, dijo "cuando un hombre hace algo estúpido, bueno es porque es un
hombre, pero si hace la misma estupidez otra vez, normalmente es para impresionar
una mujer" contigo llevo una serie de estupideces y aun no logro
impresionarte.
Pensaras que es imposible que escriba
esto, pues apenas te conozco, tienes toda la razón, lástima que la razón no sea
suficiente, si fuera así yo estaría escribiendo sobre cualquier otra cosa sin
importancia y tu serias solo la niña bonita que me topo en los pasillos, la
niña risueña y altanera que miro por la ventana o eventualmente la niña que
habla y estremece.
El profesor estaba completamente mal,
todos estaban increíblemente mal, lo mío no era ver a la mujer como un objeto,
lo mío no era lo simple, las formas, el conjunto o cualquier otra de esas
pavadas; Lo mío era llanamente un mensaje oculto, una especie de señal para que
te sintieras aludida y quizás te rieras. Era yo tratando de decirte sin llegar
a decirlo que tú me gustas, que tu piel y tu pelo resaltan y que en medio de
ciudad inmóvil, de esta gran y fría urbe eres el mejor pensamiento que se puede
tener un domingo. Lástima que a ti no te guste la piel blanca.

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