"Bienvenidos todos, escribir no nos hará ricos ni mucho menos famosos, seres anónimos que disfrutan escribiendo y siendo leídos por otros, en eso se resume esto que a falta de nombre sera lugar de vagos y pensadores."

miércoles, 9 de noviembre de 2022

Quizas en otra vida.

Alex vio su celular mientras aterrizaba en Budapest. Un nuevo mensaje de su padre y un amigo en Colombia, no había rastro de Laura, hace mucho tiempo que no sabía de ella. Atrás habían quedado los días en que conmovido se encontraba con que ella en uno de sus usuales actos de cariño, había rastreado su vuelo y le enviaba un mensaje “ya debes haber aterrizado, estoy emocionada por verte”. En esta ocasión nadie lo esperaba, ni se emocionaba por verle.

Alex salió de la terminal mientras esquivaba turistas, el sentía que hace algún tiempo ya no era un turista en Budapest, pero sabia que tampoco era un local. Se encontraba en el extraño limbo en el que están todos aquellos que han migrado dejando (quizás para siempre) su tierra natal. El sentirse eternamente en tránsito, el no de ser de aquí pero tampoco de allá. Su relación con Budapest, sin embargo, era diferente. No vivía aquí, no hablaba el idioma y tampoco se sentía muy identificado con su cultura o su gente. Sin embargo, desde la primera vez que entre cervezas y tragos de palinka paseo por sus calles a altas horas de la madrugada supo que este lugar era especial.

Su primera visita hace ya algunos años fue precisamente para encontrarse con Laura. La había conocido en uno de sus viajes cuando ella aún tenía novio y su español se limitaba a saludos y agradecimientos. Que extraño le resultaba ahora pensar que tanto había pasado después de un encuentro casual en un hostal en Cancún. Todo el amor y el odio, las noches interminables, las caricias, la felicidad que alguna vez inundo sus rostros antes de dar paso a las lágrimas, todo aquello empezó con Alex entregándole una copa al confundirla con alguien de su grupo.

Tal como aquella primera vez, Alex tomo el bus 100E hacia el centro de la ciudad, en Deak Ferenk Ter se bajaría para caminar hasta su hostal. Mientras miraba por la ventana del bus un solo pensamiento inundaba toda su mente. Quería verla en alguna de las caras que caminaban las calles de Budapest. Solo podía pensar en un encuentro furtivo, caminar y toparse de frente a una distancia en la que fuera imposible evitarse. Era realmente pensar con el deseo porque Budapest era una ciudad gigante y el en ese momento se sentía un hombre muy pequeño.

Alex y Laura se escribieron todos los días después de ese encuentro en Cancún. Inicialmente como amigos, aunque dicha amistad no duro mucho. Rápidamente los mensajes con doble sentido se hicieron comunes y fue cuestión de una noche de viernes teniendo ambos algunos tragos encima para que se confesaran mutuamente las ganas que tenían de arrancarse la ropa y sentirse cerca. No mucho después Laura terminaría su relación y se mudaría con unas amigas, todo con la promesa que Alex la visitaría pronto.

Alex llego a su hostal, se registro y reviso su correo. Esta vez venia a Budapest para encontrarse con un amigo, que solo llegaría el día después lo cual le daba una noche para caminar por la ciudad, comer en el alguno de los restaurantes que frecuentaba cuando estaba de visita y quizás tomar algo en Goszdu.

Alex recordaba ahora que en su primera visita casi no habían salido del Airbnb. Todos aquellos deseos escritos en la pantalla de un celular fueron tomando turnos para hacerse realidad. Alex recordaba con algo de nostalgia que ella le llevo a esa primera cita varios dulces y comidas típicas de Hungría, recuerda la cara emocionada de Laura mientras le explicaba que este o aquel dulce habían hecho parte de su infancia. Cuanto amor sintió en aquel momento por ella, pero también por estar vivo, por todas las posibilidades que el mundo le permitía, por Budapest y cree inclusive contemplo la posibilidad de nunca haberse sentido tan feliz.

Alex se sentó a orillas del Danubio con vista directa al Parlamento ya iluminado magistralmente como una demostración de la grandeza que puede ser alcanzada por el hombre. Sobrecogido pensó en aquella vez que sentado no muy lejos de donde se encontraba ahora sostuvo quizás una de las ultimas conversaciones con Laura.

La distancia que al principio habían visto como una oportunidad fue creando un vacío entre los dos. Ninguno dudaba estar locamente enamorado el uno del otro y sin embargo, el amor requiere no solo lo posible sino también un par de imposibles. En aquella ocasión, Alex tomaba la mano de Laura mientras ella miraba fijamente a las aguas pasajeras del rio antes de mirarlo y preguntarle “¿Quizás en otra vida?”.

En aquel momento Alex no comprendió la profundidad e implicaciones de esa pregunta. Laura reconocía que, en este espacio, este tiempo, este cumulo de momentos que llamamos vida estar juntos no seria posible. El, aunque quería negarlo sabia que ella estaba en lo correcto, como había sido usual en su relación. Los obstáculos e inconvenientes del día a día poco a poco fueron invadiendo todos los espacios, las excusas se hicieron recurrentes y las disculpas mas frecuentes que las muestras de cariño. Algún observador externo podría opinar que lo de Alex y Laura murió no por falta de amor sino a pesar del amor.

Alex se levanto y camino para tomar el tranvía de vuelta al hostal, al día siguiente debía recoger a su amigo temprano. En el tranvía tampoco la vio entre las caras que se bajaban y subían en cada parada. En la calle tampoco la vio entre las personas que apuradas caminaban a sus diferentes destinos. En los edificios tampoco la vio entre la gente que se asomaban en las ventanas. Sin embargo, al recostarse en su cama y quedarse dormido, la vio nuevamente, le sonrió y le respondió “Quizás en otra vida”.


lunes, 7 de octubre de 2019

De paso


Alex llegó a la estación cuando ya no quedaban más que dos o tres personas deambulando en una noche fría al inicio del otoño. Había estado antes en Bruselas, pero esta vez a diferencia de otras sus expectativas eran altas. Todos quienes visitan esta ciudad suelen hacerlo de paso hacia otro lugar, sus habitantes no suelen llamarla hogar por que incluso ellos sienten la temporalidad de su estadía, aunque lleven aquí varias décadas. Alex pensaba mientras salía al frío de la calle, que él también se veía a si mismo como un lugar de paso para aquellas personas que habían pasado por su vida hacia destinos más acogedores, se preguntaba mientras caminaba por la Grande Place, si algún día él o Bruselas serían el lugar para volver de alguien, si alguna vez podrían ser un hogar.

Alex había vuelto hace poco a la fría Europa, le gustaba estar aquí, le gustaba que el silencio y la contemplación no fueran vistos como una rareza si no más bien como una virtud, algo tan difícil en la ahora lejana América Latina. Había venido a Bruselas a encontrarse con Julia, una chica que había conocido en uno de sus viajes por Centro América hace algunos meses y con la que había mantenido un esporádico contacto, apenas suficientes para concertar un encuentro en un punto medio entre sus respectivas ciudades, un punto medio en el que nadie los conociera, sin recuerdos, ni fantasmas que pudiesen complicar lo que debía ser un encuentro casual.

Sin embargo, y aunque Alex sabía que el único objeto de ese fin de semana era prolongar por un par de horas la pasión y el cariño de unas vacaciones ya pasadas, en su cabeza acorde con su fijación de plantearse futuros improbables, no dejaba de imaginar que al caer el domingo, con ella entre sus brazos, cansados y felices después de hacer el amor, ella lo miraría con ese cariño que se mira al amante que ha estado ausente por un tiempo y en un rudimentario español aprendido de charlas furtivas, le diría que había sido un fin de semana perfecto y que un encuentro así debería repetirse no una sino muchas veces.

Alex estaba fantaseando con mil escenarios mientras tomaba el metro al lugar donde pasarían el fin de semana, inconscientemente había buscado un lugar que fuera lo más parecido a un hogar. Entendía ahora, que dicha búsqueda que se había prolongado por horas, venia del deseo intenso de que, si la locación así lo insinuaba, ella también pensara en él como un lugar para quedarse y no continuar su camino hacia personas quizás más interesantes pero desconocidas.

Alex llegó al edificio 57 en la Rue de Jordan, tomó las llaves que estaban debajo del tapete y subió las escaleras más lento que de costumbre, las manos le temblaban y no tenia forma de excusarse en el frío. Al abrir la puerta, se encontró con Julia que ya le esperaba en la sala con esa sonrisa que tantos malos y buenos pensamientos le habían provocado en alguna playa perdida de Guatemala. Verla fue recaer, recaer en el deseo de tenerla cerca, recaer en el ansia de decirle con un abrazo que había pensado en este momento todos los días desde que se despidieran hace algún tiempo, recaer en el optimismo que quizás ella decidiría que en él dejaría sus maletas y su cepillo de dientes.

Estando ya desnudos en la cama y mientras Alex acariciaba su espalda, describiendo con sus dedos una línea imaginaria entre sus nalgas y el inicio de ese cabello rubio, Julia lo miró y con esa franqueza con que se dicen las cosas cuando de verdad se sienten, le dijo, que él le había hecho el amor como si ella de verdad le importase. En eso tenia razón, aunque Alex había fantaseado con tener con ella el sexo más primitivo y animal, embestirla, morderla, ahogarla y hacerla venir en un frenético trasegar de miradas, piel amoratada y sudor, la realidad es que cuando la vio desnuda, expuesta y frágil, no tuvo más remedio que hundirse entre sus piernas, deseando con todas las fuerzas de su cuerpo, fundirse en uno con ella.

Pero en ese cuarto prestado, en aquella ciudad gris y lluviosa, en ese continente grandioso y venido a menos, las palabras de Julia habían sido más una sentencia que una promesa. Haberle hecho el amor había sido un error imperdonable, Alex era culpable y Julia ya había decidido la pena. Mientras le miraba intentando en su cabeza modular las palabras de la que sería una de sus ultimas charlas, Julia le dijo con cariño, pero ya sin afecto, que aquello no podía ser más que eso y que a pesar de que lo sentía, su deseo era continuar viajando hacia otro destino.

Alex guardó silencio por un momento durante el cual como quien quiere borrar toda evidencia de un delito, se dedicó a destrozar uno por uno todos los escenarios que se había planteado con ella hace un par de horas. Julia le preguntó si había dicho algo malo, pero él sabía que cuando se dice la verdad, no se es malo ni bueno, simplemente se hace evidente lo que ya debería ser por todos sabido.

Cuando volvió en sí, Alex le sonrió y la besó en la frente mientras la abrazaba. El fin de semana continuo como si aquella conversación no hubiera tenido lugar. Volvieron a acostarse un par de veces, se rieron e hicieron bromas como dos viejos amigos. Julia partió el lunes muy temprano para tomar un vuelo de vuelta a su hogar. Alex pensaba en Julia abriendo la puerta de algún apartamento en su ciudad, dejando sus maletas y recostándose en una cama, feliz y contenta de estar de vuelta en casa. Alex un par de horas después volvía a la estación de tren a la cual había llegado con sus expectativas de convertirse en el hogar de Julia. Ahora veía en las caras de los habitantes de Bruselas, aquellos que la consideraban un lugar de paso, la misma certeza y seguridad con que Julia había cerrado la puerta al marcharse aquel día. Bruselas y él estaban condenados a las despedidas. 

lunes, 9 de mayo de 2016

Noches blancas, viernes grises.

Hace algunos días, sentado en un pequeño café de la Candelaria al que solo se puede llegar si se sabe de él o una feliz coincidencia lo permite, me encontraba terminando un libro que había traído de mi viaje a Buenos Aires, acababa las ultimas paginas de una recopilación de cuentos, mientras despacio saboreaba el segundo té que la mesera ponía sobre mi mesa, aquel cuento era más bien un monologo de un personaje solitario y reflexivo que habitaba en San Petersburgo y que una noche cualquiera, una noche como estas, conoció al amor de su vida sin imaginarse el curioso, negro y en cierta forma previsible desenlace de ese amor. ¡Dios mio! ¡Todo un momento de felicidad! Si ¿No es eso bastante para colmar una vida?...grito el desdichado personaje cerrando su destino y dando por terminado el relato.  Al salir del pequeño café donde escasamente cabían tres parejas, caían gordas gotas de lluvia sobre los andenes destruidos de esa zona de la ciudad, saque la sombrilla y entonces un vago deseo me lleno el cuerpo y comencé a caminar sin importarme mucho el destino, no habiendo caminado más de tres cuadras cuando ya me encontraba en la plazoleta donde habían pasado los últimos 5 años de mi vida, la gente se cubría en el diminuto cielo raso del claustro que se encontraba a la izquierda de la plazoleta, y un niño corría detrás de una triste pelota de papel que empezaba a deshacerse. ¿Cómo es posible que aquel protagonista de mi cuento con el que ahora sentía una extraña relación, una fraternidad de sentimiento y pensamiento, no hubiera imaginado el fatídico desenlace que le procuraría su amada? fue un necio por no darse cuenta que ella amaba a otro y las muestras de cariño que le profería eran solo el reflejo casi inconsciente e involuntario de no poder darlas a su verdadero amor, la furia se apodero de mi cuerpo por solo pensar que había osado amarla cuando sabía de antemano que ella por otro sentía las cosas que jamas por él, mi desdichado hermano sentiría.  

Camine otras cuantas cuadras siguiendo un pequeño riachuelo que ahora se formaba por la lluvia que caía con mayor intensidad, mojaba mis zapatos infantilmente pateando piedrecillas invisibles y sin levantar la cabeza para corregir el camino, un indigente que habitaba la zona se acerco por monedas pero al percatarse que no obtenía respuesta de mi parte, se alejo en sentido contrario por el cual venía. Algunos estruendos se escucharon en los cielos y aunque quería seguir caminando, quizás era hora de buscar un refugio en lo que amainaba la lluvia. Algunos pasos más adelante se encontraba un pequeño restaurante en el cual no había reparado en mis años como estudiante, entre y me senté lo más cerca que pude de la puerta, pues había logrado contener las ganas de caminar pero estas prometían volver con más fuerza. Una vez allí, ordene un café y algo que se asemejaba a una galleta, saque nuevamente el libro y empece a leer. Y aunque tampoco el ayer fuera mejor, nos parece que si lo fue, como si hubiéramos vivido más plácidamente, y no hubiésemos tenido encima del alma esa vaga melancolía que ahora nos persigue. No bien termine de leer, estallo en mi una onda de compasión por aquel triste personaje del cuento, que creyó tener derecho a amar, a compartir su historia con alguien para encontrarse que siempre estuvo solo y que así permanecería, el medio para notificarle que su historia no cambiaría,se me antojo deliciosamente planeado por el autor, no podía ser otro que una carta entregada de manos de un personaje secundario del relato, que adquiría toda la importancia como portador de malas noticias. Una carta donde su amada le decía que lo único que hacia era volver a su dueño, pues antes que de él había sido de otro.  

Abrí el bolsillo más pequeño del morral y saque una pequeña hoja de papel que se encontraba doblada varias veces, la tome en mis manos y la sostuve un largo rato antes de poder abrirla. La carta se encontraba desgastada no por el tiempo pero por la intensa actividad de ser leída y releída en largas noches de insomnio. La Carta al igual que la carta del cuento era el envase de malas noticias, no corriere yo la suerte de que hubiera sido entregada por un personaje secundario, no, la carta me había sido dada por su autora en una noche fría que caminábamos por un parque de la ciudad. El contenido de mi carta no era más que la confirmación de meses de suspicacias, llamadas anónimas y sonrisas disimuladas, la autora de aquella carta cuyo paradero desconocía o quería desconocer, solo escribió en aquel pedazo de papel el desenlace que yo tanto anticipe pero que aun así no tuve las fuerzas de preparar. Doble de nuevo el papel y lo puse en el morral, el clima me había dado una transitoria tregua y salí del restaurante con dirección al norte, ya era de noche y el frió calaba en los huesos, era un viernes gris en Bogotá y yo estaba solo. 

lunes, 17 de noviembre de 2014

Como Tú

Domingo siempre Domingo, mi relación con el Domingo nunca ha sido de cordialidad sin embargo no solo se habla desde la tristeza, hay cosas y personas que merecen ser vividas y tú sin duda alguna eres material de compañera para vivir muchas primeras veces, y si llegue tarde no importa, tomamos algo y pensaremos como hacerlo mejor.

Ya ves lo bonito de esto es que no sabes que te espera, caminando por la calle en la próxima esquina te puedes encontrar una bendición o una puñalada, afortunadamente para mi estabas en la esquina en el momento y lugar adecuado. Un pensamiento al que llego constantemente, ¿Cuantas eran las probabilidades? y todo se remonta a tiempo atrás, un cumulo de decisiones inconexas y totalmente aleatorias que terminarían en la ya sabemos bendecida coincidencia de conocerte a ti. Si tu papá no hubiera decidido huir de Ciudad Inmóvil para estudiar en la provincia y salvar un poco de cordura, o si tu mamá hubiera sucumbido a las pretensiones del Medico y no del Abogado, de poco sirve estudiar derecho si no puedes estar con la mujer que quieres. Si te hubieras ido, y Colombia fuese para ti el lugar donde visitar tus padres y traer a tu novio extranjero. Son preguntas legitimas que re dimensionan algo que a simple vista puede parecer trivial, que dos personas se conozcan, pero es que aquí hay mucho más que eso, aquí hay una infinita serie de felices coincidencias que resultaron en la posibilidad de ver tus ojos, llevarte de la mano, en la felicidad que produces y que inunda este texto.

Uno de mis autores favoritos y de quien me permití robar su apodo a Bogotá (Ciudad Inmóvil), describiendo a uno de sus personajes hace la siguiente afirmación: "Reconoce que le asusta tomar decisiones y por esto jamás ha sabido si hace lo que quiere o sólo se abandona a la furia de los eventos" entenderás que me identifico con dicho personaje, pero tienes que saber que vivir a merced de los eventos enseña algo, y es que las oportunidades de ser feliz son pocas y no vienen con frecuencia, lo evidente es algo que solo de manera temeraria puede ponerse en duda, tendría que haberme calado muy hondo el frió y el hambre, para no darme cuenta de la oportunidad que son tus brazos.

Hasta el día me he regido por la máxima de la experiencia que implica saber que todo pasa, lo bueno y lo malo esta destinado a pasar, aceptar ese hecho relativiza tanto fracasos como victorias, sin embargo hoy y de forma casual antes de dormir me permitiré formular una petición al universo, y es que si existe la posibilidad de que algo no deje de pasar, espero que sea la posibilidad de estar con alguien como tú. 

lunes, 6 de octubre de 2014

El cordero y la flor

....este...qué decir...cuando, no se sabe muy bien...qué se quiere.


Disfruto el silencio, siempre lo  he hecho, encuentro en el un encanto casi mágico, el refugio ideal para cuando se quiere pensar más y hablar menos, puedo escuchar a alguien hablar por horas sin decir nada; en mi muy personal silencio, simplemente omito la avalancha de palabras vacías que dice la gente vacía en momentos aún más vacíos.  Imagino  por lo general cosas banales, me concentro en recordar la capital de Eslovaquia o pensar que llevaba puesto cuando la vi pasar esta mañana.

 Y el sonido del silencio que dejas cuando te vas... ese silencio que carcome a mi silencio, lo llena de dudas y termina por tumbarlo y coronar reina a la angustia. Me agobia ese silencio, tu silencio... pero llevo a la razón por delante y asumo que lo correcto es respetar precisamente lo que consideras correcto, aunque lo que consideres correcto me sepa a mierda.

Inconexo, las ideas surgen, explotan y se apagan, no alcanzan a vivir lo suficiente para crear un hilo, mi cabeza es pura discordia... Mi casa es un desastre...No te encontré en el centro hoy... Soñé pasiones locas con vos...y simplemente pasa que...Tengo ganas de verte.

Si he de ser sincero es liberador tanto como gritar en la calle, no tener la certeza de que leas o no este texto, escribir al aire te asegura la tranquilidad de las palabras. Creo sin embargo que buscarte es menos digno que pensarte, más difícil que encontrarte y menos triste que olvidarte.

Hablar cuando no se quiere más que besar, es un asunto en demasía complicado, Hablar cuando te imaginas  con ella en un viaje, en mil viajes sin destino, solo yendo y viniendo una y otra vez. Hablar cuando quisieras estar con ella 6 o 7 veces, en lo que dopas el miedo y se te sale un te quiero. Hablar cuando una mirada lo dice todo. Hablar cuando miras temeroso su escote y sueñas con su espalda. Hablar cuando deberían estar haciendo todo, menos hablar, en resumen Hablar cuando no se tiene nada de qué hablar.

No encuentro ningún punto de unión entre todo lo que he escrito, pero creo que así está bien cuando la boca tiene un tufillo a mierda, es ya todo un logro conjugar algunas palabras y ponerles algún sentido.

¿Por qué? porque eres diferente, anormal, fuera de lo común, antipática, sexy y tierna, inteligente y astuta, chistosa, todos los adjetivos que hacen los domingos en esta fría ciudad, días menos grises.

Si  he leído algo interesante últimamente, es una regla que propone lo siguiente: 1.Siempre hay una víctima 2. Trata de no ser tu 3.No olvides la segunda regla, verdades como puños, mas sin embargo me niego a llevar la etiqueta de victima porque no quiero que engrose mi lista de adjetivos despectivos: negro, perro, pobre..........  he de ser a razón de mis adjetivos el ser más contradictorio.

Te he dicho que me gusta tu cuerpo.... creo que nunca está de más decirte que me gusta tu cuerpo.....me gusta tu cuerpo.


Te preguntaras a razón de que el título, ni siquiera sé si leíste esto o si llegaste hasta aquí, pero he de suponer que si eres como yo no dejas de leer algo hasta que entiendes de que va.

Dice así un fragmento del principito que adapto para no sonar cursi

*Si alguien desea una flor de la que no existe más que un ejemplar entre los millones y millones de estrellas, es bastante para que sea feliz cuando mira a las estrellas. Se dice: "mi flor está allí, en alguna parte". Y si el cordero se come esa flor, para él es como si bruscamente todas las estrellas se apagaran*

Dejando de lado lo cursi que pueda sonar, como lo apuntó muy bien el libro y como llegó a mi cabeza de manera clara:

            “Te comiste mi flor...............Cordero de mierda"


sábado, 30 de agosto de 2014

Una Pasión- De Bueyes.


Quise olvidarme de la historia, de la historia y la memoria, 
devorarme los recuerdos, los más locos los más cuerdos, 
quise esconderme entre tus hojas, novedad de primavera, 
construirme con tus ojos, un alma nueva, 
quise marcharme de tu vida y nunca pude, 
quiero arrancarte de la mía y ya no puedo. 

Quise taparte las palabras, me hice un nudo en la boca, 
quise dormirme en la agonía, que me deja la falopa, 
de vivir así mil años, casi llegué a los cuarenta 
han pasado tantas vidas, ¡que no sé! perdí la cuenta 
quise comprarte cada día, cada tarde, cada noche, 
quise comprarte la alegría y sólo te compré un coche, 
quise saber si estabas linda para mí, si esperabas en el nido, 
y saber si estabas sola pero me quedé dormido. 

Y como el viento yo también quise cambiar, 
dejar esta vida enferma, 
pero el vértigo y el licor de tu mirar 
nos arrastraron siempre hasta el mismo lugar 
quiero tenerte, tanto quiero tenerte tanto, tanto que te espanto. 

Quise cambiarte el apellido, ofrecerte mi frazada, 
protegerte en mi guarida y a vos no te cambia nada, 
te dije tanto que te amo, que te quiero, que te adoro, 
dije tantas, tantas cosas que me transformé en un loro. 

Quise probar de tus manzanas y me diste la prohibida, 
fui por el primer mordisco, pero ya estaba mordida, 
y encendí una fogata, para prendernos fuego, 
quise ser tu incendiario y en verdad soy tu bombero, 
quise aferrarme a cualquier cosa, 
al delirio, a la botella, 
me agarré a tu mariposa pero se voló con ella 
y que me importa que me digan que si es rubia y que es divina?
que siempre pasa lo mismo y que el amor pronto termina 
y aunque sé que existirá el adiós 
hoy me la juego entero!
Yo solo quiero el néctar de tu amor, 
si el pasado que me importa y el futuro que sé yo! 

Quiero tenerte tanto, quiero tenerte, tanto que te espanto, que te espanto, quiero tenerte tanto, tanto, tanto que te espanto…

miércoles, 13 de agosto de 2014

Serie cuentos cortos: "Tanta mona me envenena"

Alex siempre había sido un hombre razonable, pero esta vez Sofía había cruzado el límite.

-¿Cuál es el problema? sabes que  es una cuestión de trabajo. 
Le dijo Sofía sin mirarlo a los ojos. 

Alex tomo aire, detestaba hablar con rabia, por qué carajos no podía  irse a la cama y esperar a que se enfriaran  las cosas.

-Serán solo dos semanas, después seré toda tuya pequeño. Le decía Sofía mientras acariciaba su pelo y echaba un vistazo al celular. 

Como detestaba esa palabra, Alexander como lo llamaba Sofía cuando quería llamar su atención, media 1.80, más que el promedio y aun así Sofía seguía llamándolo pequeño. Es la forma que tienen las mujeres de inconscientemente, hacer sentir inferior a sus parejas. Alexander odiaba la palabra "pequeño" y la odiaba aún más en los labios de Sofía, odiaba a Sofía, odiaba su espectacular culo y la forma como hacia soniditos cuando tiraban, odiaba que después se parara por agua y con su camisa puesta se pavoneara por toda la habitación. Joder la amaba y ahora tenía que contentarse con dos semanas de ella follando con su jefe en algún destino exótico. 

-¡Responde Alex, tengo que irme!

Alex se paró al baño, realmente tenía que ir y estar allí sería mejor que aquella mierda, cuando termino salió y Sofía ya se había ido. Saco una cerveza, se sentó y dio un buen sorbo, pensando si acaso el jefe le daba mejores sacudidas. No tenía ningún sentido beber por ella, pero acaso que tiene sentido hoy en día. Se puso una camiseta y un jean y salió a comprar algo de whiskey barato, sería una noche larga y Alex no pensaba dejarse arrollar por el recuerdo de su culo.

El chico de la tienda ya le conocía, las salidas y viajes de Sofía se habían hecho más frecuentes en los últimos meses y con ello las visitas de Alex a la licorería. 

Alex había conocido a Sofía por su mejor amigo, Sofía una linda mona, de cuerpo no voluptuoso pero atractivo, linda cara, un poco arrogante pero nada serio. Una mujer de esas que llegan y no se van sin dejar su muy personal marca. La misma noche que la conoció, la tenía gimiendo en su cama, no estaba acostumbrado a ello, pero no estaba mal para variar, decidió darle una oportunidad y ahí estaba sentado en el sofá, bebiendo whiskey barato en tanto el cuerpo de Sofía, el cuerpo que consideraba suyo, se movía frenéticamente, sobre algún otro tipo que no era él. 

Después del cuarto trago decidió dar una vuelta, hace ya algún tiempo no paseaba por ciudad inmóvil, su hogar putativo y origen de todas sus gracias y desgracias. Se dirigió al armario, cogió un suéter y vio el cajón con la ropa interior de Sofía, busco entre los pantis y tangas y no encontró esa tanga negra de encaje que para un  cumpleaños le había regalado. La muy zorra se la iba pasar en grande, cogió unos pantis verdes, los olfateo y los escupió, maldita perra como la amaba. 

Andando por la calle, ya algo perdido en el alcohol, entro a un bar nada especial y pidió una cerveza y un whiskey doble.

-Rubia la cerveza, por favor! le gustaba más la roja pero quería acordarse de su pelo. 

No había acabado su trago, cuando esta chica se le acerco.

-Hola, te importa si me siento? Alex ya estaba más allá del bien y el mal, así que no sólo la dejo sentar, sino que le invito una cerveza, rubia por supuesto. 

Marcia como se llamaba la chica, era una linda mona de unos 27 años, era enfermera pero ahora estaba desempleada, no tenía un cuerpo increíble pero nadie le negaría una buena sacudida. Alex y Marcia dos desdichados en un bar en medio de ciudad inmóvil, sonaba como un buen inicio para un libro, nada de romance, pura y dura realidad, ya sabes la mierda de todos los días. 

Bebieron hasta bien entrada la madrugada, alternaban cerveza y whiskey con cigarros, llegando el momento del cierre, Marcia puso su mano sobre la mano de Alex.

-Deberíamos ir a tu casa, hace frío y mi casa está muy lejos. 

Joder si hacía frío, Alex no era de los que conseguían mucha acción pero cuando tenía la oportunidad no la dejaba pasar, tomaron un taxi, ambos en silencio recorriendo las calles iluminadas, mojadas y vacías de ciudad inmóvil. Al llegar Alex le sirvió un trago de whiskey, ambos lo bebieron en silencio, después ella se paró, se puso frente a él y se desnudó. Tenía una bonita piel blanca, unos senos firmes y una graciosa marca marrón sobre su pubis, Marcia le tomo la mano y le hizo recorrerla toda, era algo increíble, estaba allí sentado mientras ella gemía mirando al techo, deseo no haber bebido tanto.

Fueron a su cuarto, él la poso sobre la cama con suavidad, no sabía porque esta chica no le inspiraba ese deseo de sexo animal tan común en las aventuras de una noche, mirándola a los ojos, la penetro y se sintió satisfecho, estuvieron así toda la noche tirando y durmiendo a intervalos. 

Alex se levantó, vio la espalda de Marcia, tenía un tatuaje de una pequeña orquídea, su pelo rubio apenas lo cubría. Se paró, se vistió y se sirvió un vaso de agua, sabía bien que significaba que Marcia hubiera pasado la noche en su casa, Mona por Mona, Sofía podría irse al carajo, él ya tenía su dosis de veneno y eso le bastaba, bebió un sorbo y volvió a la cama.